Carlos Sainz nunca podrá desligar su historia deportiva de frases famosas. Dos de ellas –"¡La cagamos, Luis, la cagamos!" y 'Arráncalo Carlos. Por Dios, arráncalo ya"– han pesado en su leyenda. Ayer, en Buenos Aires, desde su podio más feliz, pronunció otra de signo bien diferente: "Lo logramos, Lucas".
Su victoria en el Dakar vence la última cuenta pendiente del automovilismo español, ganar un Dakar en coches, y refuerza una leyenda que nació hace 20 años cuando Sainz logró en los rallies el primer título mundial del automovilismo español. Aquella vez, Sainz no sólo ganó un Mundial; también cambió los esquemas del campeonato y lo llevó a otro nivel de profesionalización.
Su última gesta es un premio a cinco años de esfuerzos desde que en 2005 decidió, una vez abandonados los rallies –salvo un retorno puntual para cubrir la baja de Duval en el equipo Citroën–, que era hora de aceptar otro Desafío. Podía haber sido Le Mans, por qué no. Carlos iba para 'pistard' y se quedó en los rallies, "porque entonces era la única posibilidad en España de ser profesional". Pero la oferta que aceptó fue la de Volkswagen para ir al Dakar.
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